FOTOS DE LAS BUENAS!

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Día uno - Instruyéndonos (?)

Partiendo desde una absoluta y francamente vergonzosa ignorancia, decidimos adentrarnos en el culto de la cerveza lograda por mano propia.



















Nos embebimos en antiguos escritos de dudosa procedencia y fuimos poco a poco iluminados por el saber ancestral de los grandes cerveceros de la historia
























Aquí se nos ve llenos de orgullo por las dos o tres sandeces "aprendidas".

Día dos - Armando el "tacho" macerador

Según habíamos averiguado, la elaboración de cerveza incluye una etapa llamada "maceración", en la cual básicamente se pone la malta en remojo en agua caliente por un rato. Así que nos conseguimos un tacho de pintura - nuevo, por supuesto -. Con uds., su Majestad, el tacho:

De veras que es bonito...

El tacho está provisto de una canilla o grifo, en nuestro caso una de las empleadas en dispensers de agua, que permite luego vaciar su contenido de forma práctica y placentera.






El líquido maravilloso que contendrá este recipiente se denomina "mosto". Es bueno hacerlo saber a grandes voces:



Todo dicho. A celebrar...




Día tres - La malta está aquí

Nuestra niña amada está aquí. Bella, bella niña. Qué grato es tenerte con nosotros, niña de mi corazón. La malta está aquí.





Malta de las buenas. Malta Munich.

Todo dicho. A celebrar...

Día cuatro - Termoensayo

La fermentación es una etapa que requiere mantener la temeratura controlada dentro de un estrecho rango. Para nuestra fermentación, de tipo "Ale", su valor se centra en los 20ºC, un grado más, un grado menos. Como estamos en invierno, basta con impedir que baje demasiado. Para este fin contamos con una poderosísima herramienta: el calentador de pecera.

Lo calibramos para operar en la temperatura adecuada.


La estrella del proceso es la levadura. Todo debe estar absolutamente pulcro, libre de microorganismos. Por eso limpiamos cada olla, cada tubo, cada utensilio hasta el hartazgo. Pero no podemos usar detergente ni lavandina, porque agreden a la levadura. Aquí es donde entra en acción el jabón neutro de tercera "La Perdiz". Libre de colorantes. Libre de aromatizantes. Libre de careteadas. Consígalo hoy mismo en almacén "Don Manolo"



Todo dicho. A celebrar...

Día cinco - La molienda

Para conseguir 10 litros de una cerveza con buen cuerpo hacen falta unos tres kilogramos de malta.



Antes de comenzar es preciso moler el grano, para que su contenido de almidón quede expuesto al agua tibia. Éste debe ser "aplastado" para que así la pepa se convierta en harina, pero poniendo especial cuidado en mantener la cáscara lo más entera posible. El resultado de nuestros penosos intentos iniciales ayudará al neófito a evitar inroducir su inseguro pie en el inmundo estiercol del error mundano, y salir así airoso en lo sucesivo.


Cómo NO moler la malta - (I)


La típica primera idea de usar una procesadora debe ser deshechada: la cáscara queda hecha polvo, y esto arruina al mosto.




Cómo NO moler la malta - (II)

Es inútil aplastar el grano entre las dos mitades de una mesita rebatible de cocina: sencillamente el reultado final coincide con el estado inicial.





Cómo SI moler la malta (pero no más de una vez en la vida)

Finalmente obtuvimos un resultado perfecto. El empleo de un "palo de amasar" improvisado con un elemento que teníamos a mano - a saber: porrón de cerveza - cumplimenta en forma óptima los requisitos. No obstante enfatizamos enérgicamente que la tarea es equiparable tal vez a las peores torturas de usanza corriente en los más feroces tiempos de la inquisición española. Moraleja: primera y última vez.




Aquí vemos la malta que ha sido molida como corresponde.



Cómo SI moler la malta (al menos las primeras veces)
Encontramos una buena máquina para moler provisoriamente: la "pastalinda" de la nona. Acá les dejamos un video


Día seis - La maceración

Se coloca la malta previamente molida dentro de una "bolsa maceradora", que hará las veces de filtro, en el interior del tacho.


Es menester conservar la temperatura relativamente estable durante este proceso. Para ello contamos con un recipiente de poliestireno expandido cuyas paredes constituyen poderosas barreras térmicas, oponiendo una tenaz resistencia al antojadizo escape del calor.


Calentamos unos 10 litros de agua mineral en una olla de aluminio. Un termómetro flotante nos permite constatar que la temperatura es de exactamente 75ºC.






Vertemos el agua sobre la malta molida. La mezcla alcanza su equilibrio térmico a 66ºC, valor óptimo para la labor de los enzimas. También se inunda el volumen circundante del tacho para aumentar la inercia térmica del conjunto.



Veamos esto en vivo:



Lo dejamos un par de horas.


Lo que se busca es que la totalidad del almidón sea transmutado en azúcares de complicadísimos nombres que no vienen al caso. La concreción del proceso se verifica al efectuar la siguiente prueba:
  1. Se toma una muestra de mosto
  2. Sobre éste se dejan caer unas gotas de tintura de Yodo
  3. No se divisan coloraciones espurias que delaten la presencia residual de almidón
Así es como luce un mosto bien logrado:


Comenzamos a recircular el precioso fluido - es decir, lo que se extrae de abajo se vuelve a verter arriba -



Un video aclarando el procedimiento:



Esta etapa asesta un flechazo decisivo en el corazón de todo amante de la cerveza. Aquí se apartan las turbias aguas de la duda, y queda despejado el majestuoso camino hacia la otra orilla, en un cariz casi bíblico. Afloran en vergel los maravillosos aromas que auguran el advenimiento de una cerveza de porte mayúsculo - y no aquellas a las que el mediocre mercado nos tiene sometidos - ¡Enhorabuena!

Por medio de un densímetro - que no es otra cosa que un flotador graduado - y una probeta mantenemos el líquido en su concentración deseada.